Con motivo del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, queremos mirar atrás y poner nombre a quienes durante siglos fueron borradas del relato oficial. Entre las llamadas “brujas” hubo mujeres de enorme valía científica, sanadoras que curaban enfermedades y mentes brillantes que desafiaron su tiempo. Hoy repasamos el legado de cinco mujeres que cambiaron la historia de la ciencia, aunque no siempre se les permitiera firmarla.

Hipatia de Alejandría: siglos antes, una mujer
Hipatia nació en Alejandría en el año 355. Desde niña fue muy curiosa e insistía en acompañar a su padre, que era maestro, a sus clases. En seguida descubrieron el don de Hipatia por las matemáticas 🔢, de las que se enamoró profundamente.
Llegó a ser admitida en la escuela filosófica de Atenas, y tras su vuelta a Alejandría comenzó a trabajar con su padre dando clases de aritmética, astronomía y mecánica en el Serapeo 📚. No tardó en convertirse en titular de una cátedra.
Su actividad principal siempre fueron las matemáticas. Para ella, los números revelaban el orden de la naturaleza 🌿. Afirmaba, ya en el siglo IV, que el universo se rige por normas comprensibles gracias a las relaciones de los números 🔢. También defendía que la aritmética y la geometría debían regir el movimiento de los astros en el cielo 🪐, calculables mediante ecuaciones con soluciones concretas y demostrables.
Hipatia como fundadora del heliocentrismo: su influencia en Copérnico
Tan adelantada estaba a su época que Hipatia defendía el heliocentrismo ☀️. De hecho, muchos historiadores creen que la “revolucionaria” teoría heliocéntrica de Copérnico había sido calculada matemáticamente por Hipatia más de trece siglos antes. De hecho, se cree que sus reflexiones pudieron haber llegado hasta él 🤯. Es conocido que Hipatia dejaba comentarios en los trabajos que leía de otros matemáticos, y llegaron a encontrarse anotaciones suyas en la biblioteca de la familia Médicis en Florencia 📚, uno de los lugares en los que Copérnico, once siglos después, buscaría tratados sobre astronomía.
Hipatia no solo hizo comentarios de esta teoría, sino de muchas otras de sus compañeros que pasaron a la historia, quizá sin poder darle el crédito que merecía.
Borrada de la historia: el fanatismo religioso
Porque la realidad es que, a día de hoy, no podemos leer todos los trabajos de Hipatia que nos gustaría. La inmensa mayoría caería en el olvido con la destrucción de la biblioteca de Alejandría en el año 391 🔥. 900 mil volúmenes fueron destrozados a manos de fanáticos religiosos, y con ellos se perdieron siglos de conocimiento 💡.
“Cuando los cristianos en alza vuelven a condenar [a las mujeres] al papel de madres y silentes esposas, ha de ser una mujer la persona que encarne ese último dique de sabiduría antigua, de la búsqueda científica. […] Ya en vida se la consideraba símbolo de la resistencia de la razón ante el universo de fanatismo religioso. […] Hipatia pagó por ese protagonismo”
Jorge Bolívar, periodista experto en historia de la ciencia, escritor del libro “Científicas”
Hipatia acabó siendo brutalmente asesinada por un grupo de monjes fanáticos. Cuando el renacimiento vuelva, lentamente, a reclamar la herencia griega, Hipatia será una de las figuras más recordadas. Y poco a poco se descubrirá que su obra se adelantó a hallazgos científicos que tardarían siglos en volver a comprenderse 💡.
Marie Curie: pionera
Marie Curie nació en Varsovia en 1867. Se graduó de la escuela con 15 años y ahí debía haber acabado su formación 📚, ya que por aquel entonces en Polonia las mujeres no podían acudir a los estudios superiores.
Marie se apuntó a la universidad clandestina donde acude a conferencias a cambio de enseñar a leer a mujeres analfabetas 📖.
En 1891 se muda a París 🇫🇷 con 24 años para hacer lo que más quería: estudiar. Se matriculó en la Facultad de Ciencias de la Sorbona de París, y en esa época conoció a Pierre Curie, director de la escuela de Física y Química Industrial de París. Durante un tiempo estudiaron juntos el magnetismo del hierro, y fue durante ese tiempo cuando se enamoraron. Se casaron en julio de 1895 💍.
Los Curie: madre y padre del polonio y del radio
Ese mismo año Marie comenzó su tesis doctoral 🔬. Comenzó a estudiar lo que se conocía entonces como “rayos penetrantes”. Marie fue la primera persona capaz de medir estos rayos. Marie y Pierre, que compartían el mismo amor por la ciencia, comenzaron a trabajar juntos cuando Marie le cuenta que cree estar en la búsqueda de un nuevo elemento químico 🧪. En abril de 1898 publicaron los resultados de sus investigaciones, donde hablaron por primera vez de “radioactividad” ☢️ y pusieron nombre a la sustancia recién descubierta: “polonio”.
En diciembre de ese mismo año, la pareja volvió a publicar el descubrimiento 🔍 de un elemento químico hasta entonces desconocido, al que Marie bautizó como “radio”. Aunque su descubrimiento se achaca a las suposiciones y proeza técnica de Marie, no se le atribuyó públicamente el mérito de estas investigaciones ❌. Según se decía, toda la obra del polonio y el radio había sido obra de Pierre, mientras que Marie había sido solo su asistenta. Pero ni mucho menos.
Tras años de investigación brillante, Marie defendió su tesis doctoral en 1903: “Investigaciones sobre las sustancias radioactivas”. Se convirtió en la primera mujer en tener un doctorado en Francia 🇫🇷, la primera en descubrir dos nuevos elementos y la primera en tratar el fenómeno de la radioactividad ☢️. Las investigaciones de Marie abrieron una infinidad de caminos de investigación importantísimos. A raíz de sus estudios se descubrieron los átomos ⚛️, su estructura, sus partículas, e incluso la electricidad.
Dos Nobel y una tragedia
Ese mismo año, el comité del Nobel le comunicó a Pierre, que colaboró con Marie durante toda su investigación, que pensaban otorgarle el premio Nobel. A él, pero no a Marie ❌. Y la única argumentación que daban era su condición de mujer. Pierre se negó a aceptarlo si Marie no lo recibía también. En octubre de 1903, el comité del Nobel anunció que ambos recibirían el premio Nobel de Física, junto a su compañero de investigación Becquerel. Marie se convirtió no solo en la primera mujer en recibir el Nobel 🏅, sino que también recibió el primer premio otorgado por una tesis doctoral. Pero para la prensa, Marie solo era una aprovechada de la inteligencia de su marido, atribuyéndose los méritos que eran sólo de él 👨🏻🔬.
En 1906 la tragedia sacudió la vida de Marie cuando su marido sufrió un accidente con un carro de caballos y murió al instante. A pesar del profundo dolor de Marie, que conocemos gracias a sus diarios 📝, siguió trabajando en las investigaciones que llevaba a cabo con su marido 🔬. Le ofrecieron el puesto que él había tenido, y se convirtió en la primera mujer profesora de la universidad parisina, además de la primera catedrática y la primera directora de laboratorio del mundo 🌍. En 1910, un grupo de profesores lanza su candidatura como miembro de la Academia de Ciencias de Francia. Sin embargo, el consejo de la Academia mantuvo la exclusión de mujeres 👩🏻🔬. Hubo que esperar a 1962 para superar esta limitación.
En 1911 Suecia anuncia que, “en reconocimiento de sus descubrimientos del polonio y del radio” ☢️, Marie Curie recibiría ese año el Premio Nobel de Química. Una decisión revolucionaria, ya que nadie antes había ganado dos premios Nobel, y quien lo logró fue una mujer 👩🏻🔬.
Una vida como pionera: su legado
La ciencia y la vida de Marie dieron un vuelco cuando estalló la Primera Guerra Mundial ⚔️. Marie sintió que debía ayudar, y diseñó el primer sistema portátil de rayos X para poder llevarlo a los hospitales de campaña. Ayudó en el diseño de una furgoneta equipada para ello, que llevó ella misma a las trincheras en julio de 1915 🚑, convirtiéndose también en la primera mujer en obtener el permiso de conducción en Francia. Marie también diseñó unas cánulas que resultaron muy eficaces para esterilizar las heridas y tratar miembros infectados.
Sus últimos años de vida los dedicó a la dirección del Instituto más que a investigaciones propias. Estaba muy cansada, y el cáncer que desarrolló por la exposición a la radiactividad ☢️ le corroía el cuerpo. Así, en julio de 1934, su cuerpo cedió, con 63 años.
Falleció convertida en la mujer más importante del siglo XX. A su muerte, Albert Einstein dijo que ella era “la única persona dedicada a la ciencia que no se corrompió por la fama”.
Rosalind Franklin: un legado robado
La protagonista de esta historia de injusticias nació en Inglaterra en julio de 1920. Rosalind Franklin fue una niña de altas capacidades, que en seguida destacó académicamente 📚. Estudió Física, Química y Matemáticas en Cambridge, y gracias a un magnífico trabajo sobre microestructuras del carbón y el grafito, se convirtió en doctora en Física y Química en 1945. Su tesis serviría de base científica para la moderna industria carbonífera 🏭.
Tras su tesis, se lanzó a estudiar los rayos X para comprobar si podían utilizarse para examinar materia viva 🦠. Para ello se mudó a Francia, donde conoció un entorno científico más igualitario donde no sólo se la tenía en cuenta, sino que se convirtió en un pilar valiosísimo para el equipo y una experta en la difracción de rayos X reconocida internacionalmente 🌎.
Después volvió a Inglaterra para adentrarse en quizás el enigma más importante para las ciencias de la vida después de la teoría de evolución de Darwin: el estudio de la estructura del ADN 🧬. Allí surgió una rivalidad con su compañero Maurice Wilkins, incapaz de seguir su ritmo, que acabaría por abandonar el laboratorio, sembrando la semilla del desastre futuro para Rosalind 🚨.
La estructura del ADN: historia de una traición
Ajena a que se encontraba metida en una de las carreras más ácidas de la historia de la ciencia, Rosalind siguió investigando. Descubrió que el ADN tiene dos formas, la A y la B, y que se dispone en espiral, con unos pocos elementos repetitivos que rodean un esqueleto de fosfatos 🧬. Una descripción que se asemeja bastante a la verdad.
Pero no era la única que ansiaba descubrir la estructura del ADN ❌. Centros de investigación por todo el mundo ansiaban ser los primeros en descubrirla, y entre ellos estaban Laurence Bragg y uno de sus alumnos, un joven físico llamado Francis Crick. La aproximación de Crick consistía en hallar la forma del ADN con un modelo a escala construido con piezas metálicas, siguiendo estudios que iban saliendo sobre esta cuestión 🧬. A esta “investigación” se uniría otro joven investigador, James Watson.
Crick y Watson se toparon en su camino con Wilkins, que no tardó en revelarles los detalles que iba conociendo sobre la investigación de Rosalind. Y aquí comienza una de las conspiraciones más feroces y menos conocidas de la historia de la ciencia 🚨. Wilkins, lejos de limitarse a simplemente hablarles de la investigación de su excompañera, se dedicó a colar a Watson y Crick en el despacho de Rosalind para mirar las placas que iba consiguiendo 🤯. Esta traición duraría meses, en los que Rosalind ni llegaría a sospechar.
En mayo de 1952, Rosalind logró tomar la mejor fotografía del ADN conseguida hasta la fecha, la que llamó “Imagen Número 51”, una de las fotografías más importantes de la historia de la ciencia 💡. Sin que Rosalind lo sepa, Watson y Crick accedieron a esta fotografía, que les dio todos los detalles necesarios para finalizar su modelo.
Un premio Nobel en las manos injustas
Sólo había un problema: Watson y Crick no podían presentar los resultados porque no tenían ni una sola prueba experimental para defender su modelo ❌. Pero aquí es cuando la traición a Rosalind alcanzó un nivel superior. Los directores de los laboratorios involucrados en esta investigación, acordaron proponerle al editor de Nature tres artículos, y en este orden: 1️⃣ el primero revelaría la forma molecular del ADN, e iría firmado por Watson y Crick; 2️⃣ el segundo, con Wilkins como autor, expondría los principios de la difracción de rayos X aplicada para capturar el ADN; 3️⃣ y el último, ofrecido a Rosalind, resumiría los resultados, incluyendo la Imagen 51. Este orden en la publicación hacía parecer que los experimentos de Rosalind solo daban apoyo experimental a las conclusiones de Watson y Crick. Y así se publicaron.
Watson, Crick y Wilkins ganaron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1962. Ellos tres, pero no Rosalind ❌, que ya había fallecido en el momento de la entrega. No fue ni mencionada en el discurso del premio.
Su muerte y su legado
Rosalind murió ignorando la traición de sus compañeros. Pasó los últimos años de su vida investigando una de las incógnitas del momento: ¿qué son los virus 🦠? Convertida en la mejor cristalógrafa del mundo, Rosalind descubrió la naturaleza viva-muerta de los virus 🔬, dejando asombrado al mundo científico y abriendo múltiples caminos de investigación. Sus hallazgos permitirían diseñar los primeros fármacos antivirales 💊.
Rosalind Franklin falleció en abril de 1958 con tan solo 37 años. Murió a causa de un tumor, probablemente provocado por la exposición a los rayos X en sus investigaciones. Veinticuatro años después, su principal compañero de estudio de los virus, Aaron Klug, fue otorgado el Premio Nobel de Química por estas investigaciones. Y esto fue lo que tuvo que decir sobre Rosalind:
“Fue Rosalind Franklin quien me introdujo en el estudio de los virus y quien me mostró las técnicas de cristalografía, y fue Rosalind Franklin quien me enseñó a solucionar largos y complicados problemas. Si su vida no hubiese sido trágiamente corta, debería ser ella quien estuviese ahora aquí en mi puesto”.
Y tampoco se olvidó de mencionarla cuando habló del desvelamiento de la estructura del ADN 🧬.
“Fue ella, y no los hombres que robaron sus conocimientos, quien logró desatascar el embrollo en que se encontraba la biología y demostrar que el ADN es en efecto el arcón que guarda la herencia genética, así como hacer comprensible el maravilloso mecanismo que permite la vida. Debió ganar dos premios Nobel y no le dieron ninguno, murió a los 37 años sin ser debidamente reconocida, e incluso su nombre se ha diluido a propósito durante mucho tiempo en los anales de la ciencia oficial”. (Jorge Bolívar)
Margarita Salas: la enzima de la vida
La protagonista de esta historia nació en Asturias en 1938. Desde muy pequeña, el ambiente familiar despertó en ella una profunda curiosidad por la ciencia 🧪, alentada por unos padres que valoraban el conocimiento y la educación. Ese interés temprano la llevó a trasladarse a Madrid para estudiar Ciencias Químicas, una decisión poco común para una mujer de su época, pero que marcaría el inicio de una trayectoria científica excepcional 🚀.
Durante un verano en Gijón, el destino puso en su camino al bioquímico y premio Nobel Severo Ochoa, amigo de su padre. Aquel encuentro fue decisivo. Ochoa supo reconocer su talento y la animó a continuar su formación investigadora 🔬: primero realizando una tesis doctoral en Madrid y, más adelante, completando su formación con una estancia postdoctoral en su propio laboratorio, en Nueva York 🇺🇸.
Margarita leyó su tesis doctoral sobre el metabolismo de los hidratos de carbono en la Universidad Complutense de Madrid, convirtiéndose en la única doctora en Bioquímica de España en ese momento 💡. Tras este hito, decidió dar el paso al extranjero y se incorporó al laboratorio de Severo Ochoa en Estados Unidos. Aquella etapa fue fundamental tanto en lo científico como en lo personal. “De Severo Ochoa aprendí una cosa muy importante: la emoción del descubrimiento. Hallar algo nuevo, explicar procesos que nunca antes han visto ojos humanos. Y su método de trabajo era sobre todo la entrega y el rigor. La dedicación, el entusiasmo, la paciencia, elegir bien las preguntas antes de buscar las respuestas”, recordaría años después 💫.
Madre de la biología molecular: el descubrimiento de la polimerasa
Después de varios años en el laboratorio estadounidense, Margarita y su marido, también investigador del equipo de Ochoa, decidieron regresar a España con un objetivo ambicioso: contribuir al desarrollo de la biología molecular en su país 🚀, una disciplina casi inexistente. El regreso, sin embargo, no fue sencillo. Margarita volvió a enfrentarse a una discriminación por razón de género que en Nueva York casi había olvidado. Según sus propias palabras, al llegar a Madrid dejó de ser investigadora para convertirse en “la esposa de”. Tuvo que demostrar, una vez más, su valía científica 🔬.
Pese a las dificultades, Margarita y su equipo comenzaron a trabajar en el estudio de los mecanismos mediante los cuales el ADN transmite su información. Su investigación se centró en comprender cómo se replica el material genético y cómo esa información da lugar a los seres vivos 🧬. En ese contexto realizó uno de sus descubrimientos más importantes: la identificación de la proteína que inicia el proceso de replicación del ADN, la polimerasa 💡.
Tras este hallazgo, Margarita Salas continuó profundizando durante décadas en el estudio de la replicación del ADN del bacteriófago phi29, un virus que infecta bacterias. Su trabajo permitió caracterizar en detalle la ADN polimerasa de este virus. Sus investigaciones permitieron convertir esta enzima en una herramienta clave para la amplificación de ADN 🧬, con aplicaciones fundamentales en biomedicina, genética forense y diagnóstico molecular. De hecho, las patentes derivadas de esta investigación se convirtieron en unas de las más rentables del CSIC, demostrando el enorme impacto práctico de su ciencia básica 🚀.
Investigar hasta la muerte
Gracias a que el equipo de Margarita Salas dio a conocer la polimerasa y sentó las bases para su uso, fue posible el desarrollo de técnicas tan importantes como la PCR 🧬, por la que Kary Mullis recibió el Premio Nobel en 1993. Aunque ella nunca obtuvo ese reconocimiento, su contribución fue esencial para que esa revolución científica tuviera lugar 💡.
A los 81 años, Margarita Salas seguía acudiendo al laboratorio con la misma pasión de siempre. Cuando le preguntaban hasta cuándo pensaba seguir investigando, respondía sin dudar: “hasta que me muera”🔬. Solía mencionar como modelo a seguir a Rita Levi-Montalcini, médica y premio Nobel italiana que continuó yendo al laboratorio hasta pocos días antes de fallecer, a los 103 años.
Margarita Salas murió el 7 de noviembre de 2019. Siguió investigando hasta el día de su muerte, como siempre había querido 💫.
Jane Goodall: observando el mundo
Jane Goodall nació en Londres el 3 de abril de 1934. Fue una niña aventurera que perseguía sus inquietudes libremente en un mundo de hombres, donde no siempre era bienvenida. Pero su madre la enseñó a creer que podía ser todo lo que quisiera 🚀. En 1956, después de llevar a cabo varios trabajos en Londres, recibió una carta de un amigo de la familia invitándola a su granja en Kenia, cerca de Nairobi.
Al llegar allí, a sus 23 años, conoció al paleontólogo Louis Leakey. Comenzó a trabajar como su asistente y le acompañó en sus estudios 🔎. Leakey tenía pendiente una expedición al lago Tanganica para estudiar una tribu de chimpancés 🐒, y le encomendó esa misión a Jane. Así que, en el año 1960, Jane comenzó a estudiar esa tribu. Y solo 3 meses después observó algo en uno de los chimpancés que ningún otro humano había notado antes 💡. Y allí comenzó todo.
David Barbagris
Aquel chimpancé había sido bautizado por Jane como “David Greybeard”, lo que se convirtió en la primera controversia alrededor de ella. Lo que observó en este chimpancé fue la segunda. Y, sin embargo, marcó un antes y un después en nuestra percepción de los animales 👀.
“Estaba en cuclillas junto al montículo de tierra roja de un termitero y, mientras lo observaba, vi cómo empujaba con cuidado una larga brizna de hierba hacia un agujero en el montículo”, escribió Jane en su estudio. “Al cabo de un momento, la retiró y recogió algo del extremo con la boca. Era obvio que estaba utilizando la brizna de hierba como herramienta”. El uso de herramientas era considerado, hasta ese momento, una característica distintiva de los seres humanos. Y Jane fue la primera en cuestionarlo 🤔.
Goodall también descubrió que los ruidos que hacían los chimpancés no eran gritos aleatorios, sino que tenían un complejo sistema de comunicación 🗣️. Además, observó que a esos ruidos añadían gestos con las manos y la cabeza, igual que nosotros 🤝.
Cuanto más observaba Jane a los chimpancés, más evidente era que se diferenciaban entre ellos, que, como nosotros, tenían personalidades 🎭. Algunos eran amables, otros crueles y otros eran ambos. Estudios posteriores demostraron que muchos animales, además de los chimpancés, tenían personalidades, dándole la razón a las conclusiones de Jane 💡.
Jane tenía 29 años cuando National Geographic publicó su primer trabajo sobre los primates. Reconociendo sus contribuciones a la ciencia, la Universidad de Cambridge la aceptó en su programa de doctorado en 1961 sin que tuviera una licenciatura. Obtuvo su doctorado en 1965.
Más allá de los chimpancés: su trabajo como humanitaria
En los 70, Jane comenzó a pasar menos tiempo observando a los chimpancés y más tiempo luchando por conservar su hábitat 🌿. Luchó contra su captura para exhibirlos en zoológicos o para la investigación médica.
Además, el trabajo científico de Jane no se vio reducido al estudio del comportamiento de los chimpancés. Su trabajo como científica se extendió hasta los estudios de las pandemias, o el VIH, campos a los que hizo también grandes aportaciones 🚀.
Fundó el Instituto Jane Goodall en 1977, que se convirtió en una de las organizaciones sin ánimo de lucro dedicadas a la investigación y conservación más grandes del mundo 🌍. En 2002, las Naciones Unidas nombraron a la Dra. Goodall Mensajera de la Paz, el más alto honor de la ONU para la ciudadanía global.
Jane viajó por todo el mundo, incluso hasta el momento de su muerte, para hablar de la importancia de proteger nuestro planeta, que es nuestro único hogar, y a todas las especies que habitan en él ❤️🩹.
Su mensaje y su legado
En una entrevista que grabó en marzo de 2025, y que no se publicó hasta después de su muerte, dejó su último mensaje, tan poderoso como el resto de su vida:
«En el lugar donde me encuentro ahora, echo la vista atrás y repaso mi vida. Contemplo el mundo que he dejado atrás. ¿Qué mensaje quiero transmitir? Quiero asegurarme de que todos comprendáis que cada uno de vosotros tiene un papel que desempeñar. Quizás no lo sepáis. Quizás no lo encontréis. Pero vuestra vida importa, y estáis aquí por una razón. […] Cada día que vivís marcáis la diferencia en el mundo, y vosotros elegís la diferencia que marcáis. Quiero que comprendáis que […] incluso hoy, cuando el planeta está sumido en la oscuridad, todavía hay esperanza. No perdáis la esperanza. Si perdemos la esperanza, nos volvemos apáticos y no hacemos nada. […]. Tú tienes el poder de marcar la diferencia. No te rindas. Hay un futuro para ti. Haz todo lo que puedas mientras sigas en este hermoso planeta Tierra, que contemplo desde donde estoy ahora».
Gracias por tanto, Jane 💫.